El piercing de la niña...

Pues sí, me he hecho un piercing... Después de mucho pensar dónde luciría más y dolería menos, el sábado a mediodía decidí bajar a la farmacia y pedir que me taladraran el cartílago superior de la oreja derecha, en un intento, por el momento no frustrado -¡¡el piercing ha sido un éxito entre mis admiradores!!- de mejorar lo presente. Ya he dicho que en lo del lucimiento he acertado, pero tengo que reconocer que no lo he hecho en lo que a dolores se refiere. Por el momento mi oreja derecha, además de resultar moderna y chic, está el doble de tamaño que la izquierda y además, aunque yo insisto en explicar que la rojez de la parte superior de la misma es producto de las horas que paso al sol en mi trabajo, lo cierto es que presenta un color morado-rojo, cuanto menos alucinante... En cuanto al dolor, es difícil describirlo: me duele, me escuece, me pica, el más mínimo roce me molesta, no puedo dormir del lado derecho, etc. Para colmo, en un intento de evitar una posible infección que me aterra -aunque la farmaceútica me juró que no había peligro- ayer domingo por la noche, me saqué el pendiente hipoalargénico, para desinfectar bien todo el orificio, con la intención ¡¡qué inocente!! de volvérmelo a colocar de nuevo una vez limpio. Lo de la desinfección no tuvo problemas, el lío vino cuando intenté colocar de nuevo el piercing en mi recién estrenado agujero... Después de dos horas (¡atención, que no exagero!) y de varios intentos frustrados de mamá y míos, durante los cuales el pendiente se cayó varias veces al suelo y tuve que barrer el baño para encontrarlo; Coté vino en mi salvación. Con gran delicadeza, y algo alucinada de la salvajada que me había hecho en la oreja, volvió a hacerme el agujero, porque ya no encontrábamos el orificio original, con lo que el pendiente quedó finalmente colocado y mi oreja... tremenda.   Como colofón -en aquel momento yo ya no tenía sensibilidad ninguna en esta parte de mi cuerpo- le pedí a mamá que vertiera un chorro de alcohol, directamente sobre el pendiente y el agujero, para que no quedara vivo ningún tipo de gérmen que pudiera provocarme infección. Os podéis imaginar el dolor-escozor que sentí en ese momento...

Tras una noche sin grandes contratiempos, hoy he ido a trabajar, notando la oreja derecha en cada segundo de mi existencia. Para colmo, cada una de mis compañeras de trabajo me ha relatado sus experiencias -propias o ajenas- con sus respectivos piercing y los dolores que sufrieron (o cómo no aguantaron y desistieron...), con lo que he tenido más presente aún el asunto.  Para culminar la jornada, y con ése miedo a la infección del que ya os he hablado; al llegar a casa y tras lavarme las manos cuidadosamente, he vuelto a chorrear alcohol por encima del piercing y del agujero, hasta que he visto las estrellas y se me han saltado las lágrimas a borbotones. En este estado de dolor ojeril absoluto ha sido cuando he pensado en compartir ésto con vosotros, que sois mi familia, para que sepáis (esto va sobre todo por los chicos), lo que es capaz de sufrir una por algo de glamour en su oreja, ¡¡¡antes muerta que sencilla!!!. 

20/02/2006 19:57 Autor: barahonasfamili. Tema: marisa.

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Autor: Pedro

Mira que ya tenemos agujeros suficientes en el cuerpo ...

Fecha: 23/02/2006 16:50.


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Autor: Javier

Espero que no t elo hicieran con pistola sino preparate dentro de poco a infeccions,y otra cosa que t anticipo,es agujro para toda la vida con risgo d infección.NO A LA PISTOLA!

Fecha: 02/05/2009 18:26.


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